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Los Valores

Qué son los valores Intelectuales

Qué son los valores intelectuales

Se conoce como valores intelectuales aquellos que el hombre aplica en su vida que están estrechamente relacionados con el desarrollo de su intelecto, razón y memoria. Ser una persona intelectual no se trata de ser la persona más inteligente, sino es acerca de ser un ser humano que tiene criterio propio y reflexiona sobre la realidad en la que vive. En lugar de dejarse influenciar por opiniones externas.

Ser una persona intelectual también consiste en utilizar más la razón que nuestros sentimientos ante determinadas situaciones de nuestra vida. Suponiendo que una persona en la que confiamos mucho nos recomienda a un doctor con el que ya fuiste hace años y no tuviste una buena experiencia, no deberías dejar que el sentimiento te domine y asistir a la consulta solo por influencia de la persona en la que confías, sino que debes darle prioridad a tu criterio propio, a tu sentido de libertad y libre albedrío, para hacer lo que es correcto para ti.

Para ser una persona intelectual hay que ser sensatos, tener buen juicio, ser prudentes y ser lo suficiente maduros para tomar nuestras propias decisiones y asumir las consecuencias de las mismas, sean buenas o malas. Debemos ser valientes para tomar riesgos que nos permitan desarrollarnos como seres humanos y para expresar nuestros gustos, preferencias, intereses, pensamientos y decisiones de forma respetuosa, firme y clara.

Las personas intelectuales también velan por el correcto desarrollo de la sociedad en general, por ejemplo, al momento de manejar saben y ponen en práctica el hecho de que deben hacerlo con el cinturón de seguridad, en estado de sobriedad y nunca pasando luz rojas o excesos de velocidad, esto es ser prudente e inteligentes, buscando el beneficio propio y el de los demás.

Las personas intelectuales son sabias y buscan estar en un constante aprendizaje para mejorar sus cualidades y habilidades. Todas las personas cometemos errores, pero es propicio de personas sabias e intelectuales el examinarse a sí mismos y corregir las áreas en las que necesiten mejorar.

Para lograr todo esto las personas intelectuales ponen en práctica una serie de valores que les permiten tener claridad y profundidad de pensamiento. Así como es importante cuidar de nuestra salud física, es vital preocuparnos por nuestra salud mental, para no caer en los antivalores que se esparcen cada vez más por la sociedad.

Entre los valores intelectuales que debemos tomar en cuenta tenemos:

La curiosidad: es la base que nos va a motivar para aprender y buscar respuestas a preguntas desconocidas. Al vivir la vida buscando fuentes de conocimiento, tendremos la curiosidad de  investigar, estudiar y aprender sobre cualquier cosa. Los bebés tienden a tener mucha curiosidad sobre todo lo que les rodea, juegan con cualquier cosa que encuentren, la tocan, la tiran al piso, se la llevan a la boca y con todas estas acciones (así como también con nuestras reacciones a estas) aprenden lo que pueden hacer o no. A medida crecemos dejamos de maravillarnos por las cosas que nos rodean o dejamos de mostrar interés por las mismas y podemos estancarnos en un estado de conformidad, en el que ya no nos interese aprender cosas nuevas y superarnos.

Interés por el conocimiento: podemos decir que el interés por el conocimiento es el segundo paso que viene después de la curiosidad. Cuando un niño se encuentra, por ejemplo, con un objeto nuevo, tiene curiosidad de saber cómo funciona o qué se puede hacer con él. Luego entra en juego su interés de conocimiento al preguntarle a algún adulto sobre el objeto y su función. Entonces podemos decir que el interés de conocimiento es la disposición que debemos tener para observar, describir, comparar, aprender y conocer sobre las cosas que nos rodean. El interés por la adquisición y la retención de conocimientos nuevos es lo que nos llevará a desarrollarnos como personas, tanto en lo personal como en lo profesional.

La cultura: es importante que como personas intelectuales tengamos sentido de pertenencia por los valores culturales del país donde hemos crecido y a su vez seamos lo suficientemente abiertos para aprender sobre otras culturas. El tener curiosidad y cultivar conocimientos sobre las costumbres, arte, idioma, creencias y tradiciones de otros países nos hace sabios y nos permite convivir eficientemente con personas de otra sociedad.

Criterio propio: como se mencionó al principio del artículo, es vital que una persona intelectual posea criterio propio para tomar sus propias decisiones sin dejarse influenciar por opiniones externas. Bien sea en tema de valores, religión, política, una persona intelectual es capaz de analizar, juzgar y reflexionar por cuenta propia sobre la información que recibe, tener criterio y opinión propia, la cual podría no todo el tiempo coincidir con la de la mayoría de los demás.

Sabiduría: la sabiduría no es más que la cualidad que tiene una persona para actuar con sensatez, prudencia y madurez. Muchas veces se tiende a pensar que una persona intelectual es una persona inteligente. Pero inteligencia y sabiduría son dos cosas diferentes, a pesar que muchas veces la sociedad crea que estos términos son lo mismo y los use de forma indistinta. Ser una persona inteligente consiste en tener conocimiento teórico, pero ser una persona sabia radica en qué hacer con ese conocimiento que poseemos. Vivimos en una sociedad en la que se cree que las personas más inteligentes son las que están destinadas a triunfar en la vida, pero realmente aquellas personas que tienen éxito personal y profesional son aquellas que encaminan sus pasos sabiamente de acuerdo a sus conocimientos y que buscan expandirlos en caso tal que les falten.

Como conclusión podemos decir que depende de nosotros como seres humanos darle importancia a los diferentes valores intelectuales existentes, ya que los valores no son valiosos por sí mismos, sino que cada ser humano le da valor de acuerdo a sus creencias. Sin embargo, aunque podamos tener la potestad de poner en práctica o no un valor, hay valores que permanecen en el tiempo y son considerados por la sociedad como “correctos”, de esta manera, por más que no tengamos interés o no le demos la importancia a determinado valor, no deja de ser un valor porque pensemos lo contrario.

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