Saltar al contenido
Los valores

La civilidad

la civilidad

La civilidad se refiere al trato entre dos o más personas a la forma en la que interactúan entre sí, a cómo conviven y se tratan unas a otras. La civilidad es un sinónimo de cortesía, demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona.

El trato con los demás es parte de tu vida diaria  por eso debemos tener la capacidad de llevar la cortesía, el respeto y el orden a toda la sociedad en su conjunto y crear un clima propicio para la convivencia y la participación de todos.

La idea es hacerlo no solamente para evitar un castigo, sino sobre todo porque estamos convencidos de que ello permite que la sociedad funcione mejor. La civilidad no es algo con lo que se nace se adquiere con la educación que sale de un principio central: todas las personas tienen una misma dignidad y merecen un trato digno.

Los detalles de las reglas de trato amable pueden cambiar dependiendo de los lugares, pero no la norma central de tratar a otros como uno quisiera ser tratado.

Y quizás este valor es la piedra angular de todos los valores, ya que la civilización de un ser humano implica la adaptación del intelecto y el control de sus impulsos, aprendiendo otros valores en consecuencia como la empatía, el respeto, etc.

Es precisamente nuestra capacidad de tener consciencia sobre nosotros mismos y sobre nuestras decisiones lo que nos distingue que los animales y vivir en armonía. De hecho, el filósofo griego, Platón, solía decir que el ser humano “se humaniza” con otras personas.

Sin la civilización los seres humanos actuarían como animales: preocupándose únicamente en el momento presente y en todas las necesidades que tienen que ser cumplidas.

De ahí que la civilización sea el valor que tiene más impacto ya que de él nace directamente el crecimiento: aprendiendo a controlar las emociones, los deseos y los impulsos para considerar sus consecuencias y sus repercusiones a largo plazo, un individuo adquiere consciencia sobre sí mismo y se vuelve cada vez más humano.

Sin embargo, hay que entender que las personas tienen una naturaleza impulsiva que siempre existe dentro de sí mismas, y lo mejor es reconocer los deseos para civilizarlos; en lugar de reprimirlos y ser de naturaleza descontrolada.

Ejemplo: ser cortés con los otros, saludarlos, dar los buenos días, si deseas que los demás te traten con amabilidad y respeto, actúa de la misma manera con ellos.